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La economía del bien

Por: María Pardo

El 15 de septiembre de 2008 la entidad financiera Lehman Brothers se declaraba en quiebra con un pasivo de 430.000 millones de dólares y provocaba un efecto dominó que derivó en la mayor crisis económica de la historia. Su apuesta por invertir demasiado en un producto tan de riesgo como las hipotecas basura o subprime, y la negligencia de los organismos reguladores en alertar del peligro la pagamos todos muy caro con años de crisis, rescate de bancos y pérdidas de empleo.

Hoy, 13 años después, el mundo económico ha vuelto a temblar con la crisis del gigante inmobiliario Evergrande Group, que ha podido ser el Lehman Brothers chino, arrastrando tras de si 310.000 millones de dólares en deuda, lo que equivale al 2% del producto interior bruto de China, y haciendo temer un contagio financiero, el frenazo del crecimiento chino y la llegada de una nueva crisis que complicara aún más la salida de la pandemia.

La crisis parece por ahora contenida y todo ha quedado en un gran susto, pero lo que este episodio pone sobre el tapete es que la exposición de los bancos mundiales a los fondos de alto riesgo sigue vigente. Inversiones de altísima volatilidad como las criptomonedas, que tienen un enorme potencial en ganancias, pero de la misma manera en riesgo; los fondos buitres, especializados en hacerse con deudas de instituciones en apuros y hasta de deudas nacionales para reclamarlas ellos y las apuestas arriesgadas en pos de la más alta rentabilidad… siguen siendo prácticas vigentes.

Los fondos existen para ganar dinero. De eso no cabe duda. Pero quizá debieran repensar la manera en la que lo hacen. Existen otras maneras de invertir más acordes con la ética y las ganas de mejorar el mundo, que se vinculan a los fondos de inversión de impacto positivo. Estos fondos buscan usar el dinero para mejorar la calidad de vida de las personas y generar valor social. Suelen regirse por criterios ambientales, sociales y de buen gobierno, además de atender a los parámetros habituales de rentabilidad y riesgo. Según un informe de PwC y Open Value Foundation, se estima que en estas carteras de inversión socialmente responsable ya se mueven más de 715.000 millones de dólares y este segmento del mundo financiero ha registrado en 2019 una tasa de crecimiento anual del 37%. Los inversores parecen empezar a atender otros criterios más allá del capitalismo feroz, y la Red Mundial de Inversiones de Impacto (Global Impact Investing Network o GIIN, por sus siglas en inglés), la principal red de inversores de impacto del mundo, así lo confirma.

Inversiones de impacto que buscan actuar sobre la propia actividad, generando soluciones innovadoras con un impacto diferenciador y cualitativamente significativo respecto a problemas sociales persistentes; inversiones con criterios ESG, que implican evaluar el desarrollo de la actividad económica desde el punto de vista del medioambiente, social y del buen gobierno e incluir estos criterios en las decisiones de inversión; factores que favorecen estas inversiones… la economía ética se abre paso firme para tranquilidad de muchos. Ojalá el futuro de la inversión camine de su mano.

 Si quieres saber más de las inversiones de impacto y cómo los negocios con propósito impulsan al mundo, apúntate a la charla de Florencia Giulio, asesora en Impacto de Humanin Haus, el próximo 5 de octubre.

Tags: Negocios, Emprendedurismo